De pequeña, las vacas me daban miedo. No un miedo del tipo pánico, como las cucarachas o las ratas, sino un miedo más del tipo angustia existencial. Observaba esa mirada perdida en el horizonte y no sabía si estaban mirando hacia un punto desconocido para mí, fuera en el mundo, a algún lugar de su interior, o a otra dimensión cuántica. De mayor, he reconocido en mí muchas veces esa mirada. Y ahora que ya he hecho las paces con mi vagabundeo mental, con mi capacidad de desconectar del mundo y transportarme a quién sabe que lugares de mi imaginación, he dejado de sentir miedo cuando hay vacas a mi alrededor. Por el contrario, podría pasar horas observándolas y, incluso, se me puede contagiar un poco de esa mirada bovina, tan acorde a mi manera de ser. Quiero pensar que, detrás de esa mirada vidriosa y errática, se esconde en ellas, también, el proceso de la creación.
domingo, 6 de agosto de 2017
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Todos los animales excepto el JUMANO (porque de humano tiene poco) tienen esa mirada perdida en la que uno se pregunta en que estarán pensando, a mi parecer se deben mofar profundamente de nosotros y de nuestras tonterias jajajaja
ResponderEliminarAl igual que tú, yo tb y dsd pequeñita tengo ese momento de desconexión profunda dnd la mirada se me vuelve turbia y oscura en la cual mi mente tiene vida propia....momentos deliciosos de la vida!!!!