En mi último cumpleaños, me regalaron una Monstera. Nunca había tenido una y me apetecía muchísimo empezar a cuidarla desde el principio, así que me la regalaron pequeñita, con solo dos hojas. Han pasado seis meses y ya tiene dos más, aunque aún le queda mucho para ser la Monstera con la que yo fantaseo: algo así como la que he dibujado en este nuevo ecosistema imaginario en el que tienen cabida cosas tan locas como esculturas olmecas gigantes y pájaros mexicanos. No estaría mal tener algo así en el comedor de mi casa...Mientras tanto, sigo regando mi pequeña Monstera, por si acaso un día llego a casa y me la encuentro convertida en un trocito de selva mexicana.
martes, 30 de enero de 2018
domingo, 14 de enero de 2018
La Font de l´Alzina
Tengo la suerte de vivir cerca de una fuente que siempre da agua. Lentamente, a un ritmo desesperante, pero la da. Y sin pedir nada a cambio. Cuando voy, aprovecho para rellenar mis garrafas, dibujar, caminar por el bosque, meditar, y lo que me apetezca en ese momento. Cuando me marcho, tengo la sensación de haber recibido un montón de cosas sin ninguna razón en particular, sólo por el hecho de existir. A veces, cuando me quejo por tonterías, cuando creo que no tengo suficiente, trato de recordar que existe esta fuente; y me da por pensar que existe un delicado equilibrio entre dar y recibir que conviene cuidar cada día. Dar lo mejor de mí en lo que hago, es mi manera de cuidarla, de contribuir a que su lento pero incansable fluir nunca se agote.
miércoles, 27 de diciembre de 2017
El árbol de la vida
Dicen que
pocas cosas crecen en tierra arcillosa, ésa es una de las primeras lecciones que
me enseñaron cuando estudiaba jardinería. A la arcilla le falta materia orgánica para
albergar vida. El agua se encharca, las raíces se pudren, al oxígeno le cuesta
penetrar en la tierra. Hace falta modificarla, corregirla, para poder construir
algo sobre ella.
Lo que no me enseñaron fue que la arcilla está
compuesta, sobre todo, de sílices. Tampoco me contaron que, si buscáramos
silicio en el cuerpo humano, lo encontraríamos en nuestras venas y arterias, en
nuestros músculos, en los huesos.
Nuestra sangre circula por
conductos formados por el mismo elemento que forma la arcilla. Lo que nos da la
vida, se la da también a la arcilla.
Así que, aquí tengo una
nueva lección por aprender que contradice todas las lecciones de botánica y
jardinería: hay todo un universo esperando en cada trozo de barro. Y, para descubrirlo,
sólo tengo que dejar que mis manos trabajen sobre él.
Yo no sabía que, antes que
terminara este año, encontraría, una nueva vida, más luminosa y creativa de lo
que nunca hubiera podido esperar, en la arcilla.
domingo, 29 de octubre de 2017
Transfers y otros experimentos
A mediados de septiembre, no contenta con empezar a aprender los secretos de la cerámica, me apunté a un curso online de Domestika sobre técnicas gráficas experimentales. El curso prometía iniciarme en el uso de transfers y colografías, y, después de probarlo, me he quedado bien enganchada a este mundo mitad artesano, mitad digital. Y así llevo un mes y medio, en un frenesí de aprendizajes artísticos que me hacen despertarme cada día con una sonrisa de oreja a oreja.
Os dejo aquí mi primera serie de transfers, cada uno con collage y colografía diferente.
Os dejo aquí mi primera serie de transfers, cada uno con collage y colografía diferente.
domingo, 22 de octubre de 2017
El vientre de las ballenas
En algunos lugares del Mar del Norte, la ballena azul es conocida como el canario del mar. Sus melodías son bien conocidas por los pescadores de la zona, especialmente en las mañanas de niebla blanca y espesa, cuando su sonido se propaga mejor.
A principios de esta primavera, 29 ballenas aparecieron muertas en estas costas. No es algo nuevo, los varamientos masivos de ballenas llevan sucediéndose desde hace años. En diciembre del 2015, 300 ballenas aparecieron muertas en las costas de Nueva Zelanda, dejando a medio mundo sin palabras para explicar semejante catástrofe natural.
En algunas de estas ballenas, se han llegado a encontrar hasta 20 kilos de plástico dentro. Cubiertas de invernaderos, bolsas de supermercados, piezas de automóviles, redes de pesca, todo cabe en el vientre de las ballenas.
Se sabe que estps cetáceos son sensibles a la música, que son capaces de crear danzas. Que inventan canciones y que las cantan juntas hasta que se aburren de ellas y, entonces, crean otra canción.
Que tienen amistades, y que son capaces de buscarlas en la inmensidad del oceano.
Sabemos todo eso y, aún así, las matamos.
A veces me pregunto porqué dibujo. Si acaso el arte puede tener un impacto en el mundo, ayudar a que sea un lugar mejor. Sigo sin tener una respuesta a esa pregunta, pero hay una cosa que sí tengo clara: yo dibujo para que un día, en el vientre de las ballenas, en vez de plástico, encuentren flores.
A principios de esta primavera, 29 ballenas aparecieron muertas en estas costas. No es algo nuevo, los varamientos masivos de ballenas llevan sucediéndose desde hace años. En diciembre del 2015, 300 ballenas aparecieron muertas en las costas de Nueva Zelanda, dejando a medio mundo sin palabras para explicar semejante catástrofe natural.
En algunas de estas ballenas, se han llegado a encontrar hasta 20 kilos de plástico dentro. Cubiertas de invernaderos, bolsas de supermercados, piezas de automóviles, redes de pesca, todo cabe en el vientre de las ballenas.
Se sabe que estps cetáceos son sensibles a la música, que son capaces de crear danzas. Que inventan canciones y que las cantan juntas hasta que se aburren de ellas y, entonces, crean otra canción.
Que tienen amistades, y que son capaces de buscarlas en la inmensidad del oceano.
Sabemos todo eso y, aún así, las matamos.
A veces me pregunto porqué dibujo. Si acaso el arte puede tener un impacto en el mundo, ayudar a que sea un lugar mejor. Sigo sin tener una respuesta a esa pregunta, pero hay una cosa que sí tengo clara: yo dibujo para que un día, en el vientre de las ballenas, en vez de plástico, encuentren flores.
martes, 10 de octubre de 2017
Mi tierra
Cruïlles y Sant Miquel de Cruïlles en una mañana tranquila de agosto.
Cuando miro un dibujo hecho hace meses, el instante en el que lo dibujé se me aparece claramente. Recuerdo el calor, el olor de la paja recién cortada y el zumbido de los insectos. Dibujar es una de mis formas preferidas de conectar con la tierra. La tierra que piso, la que me alimenta, la que me carga de energía.
He visto muchas banderas estos días, y ninguna me llega al corazón. Yo prefiero que mi patria se parezca más a los versos de Ojos de Brujo en aquella canción que decía:
Mi techo son las estrellas
Que están en el firmamento
Mi manta el agua del mar
Y mi respiración el viento.
Cuando miro un dibujo hecho hace meses, el instante en el que lo dibujé se me aparece claramente. Recuerdo el calor, el olor de la paja recién cortada y el zumbido de los insectos. Dibujar es una de mis formas preferidas de conectar con la tierra. La tierra que piso, la que me alimenta, la que me carga de energía.
He visto muchas banderas estos días, y ninguna me llega al corazón. Yo prefiero que mi patria se parezca más a los versos de Ojos de Brujo en aquella canción que decía:
Mi techo son las estrellas
Que están en el firmamento
Mi manta el agua del mar
Y mi respiración el viento.
jueves, 28 de septiembre de 2017
El algoritmo de las hormigas
Os voy a contar un secreto sobre las hormigas: existe un algoritmo matemático, utilizado en computación, basado en el comportamiento de sus colonias. Resumiendo mucho, el asunto funciona así: al salir de la colonia, las primeras hormigas vagabundean al azar hasta que encuentran comida. En ese momento, se dirigen de vuelta a su hogar dejando tras de sí un rastro de feromonas que pueden seguir sus compañeras para no perderse. Al cabo de un rato, las feromonas se evaporan y la ruta desaparece. Así que, cuanto más corta, rápida y directa sea la ruta de vuelta a casa, más posibilidades hay que el rastro no se pierda y lo caminen más hormigas. Cuantas más hormigas las transitan, más rastro de feromonas dejan, de esta manera, las rutas más efectivas son las más transitadas, mientras que, los caminos más largos y azarosos, los menos seguros, van cayendo en el olvido.
Toda una estrategia de efectividad.
O eso es lo que creemos saber.
Os voy a contar algo sobre flores. No existe ninguna flor que se llame Iris Mediterránea. Tampoco ningún Iris ha conocido jamás el fondo del mar, ni ha crecido entre tunicados azules, ni ha tenido la ocasión de disfrutar la danza de las corvinas.
O eso es lo que creemos saber.
Yo quiero pensar, en cambio, que lo que suponemos del mundo, es el reflejo de nuestra propia falta de imaginación. Que las hormigas que pierden la ruta, encuentran tesoros; que las semillas han encontrado rumbos nuevos, y que hay jardines enteros, de flores desconocidas, en las profundidades de cada océano.
Toda una estrategia de efectividad.
O eso es lo que creemos saber.
Os voy a contar algo sobre flores. No existe ninguna flor que se llame Iris Mediterránea. Tampoco ningún Iris ha conocido jamás el fondo del mar, ni ha crecido entre tunicados azules, ni ha tenido la ocasión de disfrutar la danza de las corvinas.
O eso es lo que creemos saber.
Yo quiero pensar, en cambio, que lo que suponemos del mundo, es el reflejo de nuestra propia falta de imaginación. Que las hormigas que pierden la ruta, encuentran tesoros; que las semillas han encontrado rumbos nuevos, y que hay jardines enteros, de flores desconocidas, en las profundidades de cada océano.
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