domingo, 27 de enero de 2019

Sant Genís

Esta es la iglesia de Sant Genís, en Torroella de Montgrí. La dibujé una mañana tranquila y soleada de finales de diciembre. Mientras la dibujaba, un señor se acercó a mi y se puso a observarme tapándome completamente la vista. Me interrogó largamente sobre el lugar dónde había nacido, el lugar del que venía y al que me dirigiría después de acabar el dibujo. La cuestión del espacio-tiempo era muy importante para él. Me preguntó el nombre, la edad, el género y no sé cuantas cosas más, todo esto sin moverse un ápice de dónde estaba a pesar de haberle comentado que no podía ver la iglesia si se ponía delante. Luego me contó que él mismo era dibujante también y abrió una carpeta llena de dibujos. Me los enseñó todos uno a uno y me mostró unos rotuladores con los que quiso que continuara el dibujo ya que, según él, eran mejores que los que estaba usando.
Sé que muchos artistas disfrutan de la interacción que se genera con la gente cuando dibujas en la calle. Para mi, no es especialmente agradable. Dibujar es un acto de conexión con lo que dibujo y suelo abstraerme mucho. En realidad podría pasar cualquier cosa cerca de mi y ni me enteraría.
Aun así, no deja de sorprenderme los puentes y las conexiones que el dibujo crea, hasta el punto que algunas personas sienten la necesidad de acercarse a hablar y compartir. Afortunadamente, no todos los encuentros son tan invasivos como éste.

100 maneras de dibujar un pájaro

Desde que me han regalado el nuevo libro de Felix Scheinberger "Ser ilustrador. 100 maneras de dibujar un pájaro o cómo desarrollar tu profesión", no puedo parar de dibujar pájaros. En realidad, podría pasarme el día sólo dibujando pájaros, peces y plantas, no necesitaría mucho más. Estos son tres pajarillos más para añadir a mi colección: dos carboneros y una estrilda naranja.

jueves, 25 de octubre de 2018

El ritmo del agua

Hay quien dice que la prisa mata. Es una expresión que he escuchado varias veces sin que tenga una gran repercusión en nuestros ritmos de vida habituales. Lo experimentamos constantemente en nuestra mente acelerada, en nuestro cuerpo fatigado, pero seguimos corriendo, no vaya a ser que nos perdamos algo importante o entreguemos algo fuera de plazo.
Pero es cierto, la prisa mata.  
Hace unos años se descubrió una reserva enorme de agua fósil en las profundidades de una mina canadiense con una edad estimada de más de 2000 millones de años, casi la mitad de la vida del planeta Tierra. Este agua, procedente de lluvias antiquísimas, se fue acumulando en el subsuelo, quedando sellada y aislada durante todos estos años.
El agua fósil representa una fuente de agua dulce no renovable de la cual dependen en especial las zonas áridas del planeta. 
En ciertas zonas de África, donde los acuíferos de agua fósil son abundantes, el agua de las precipitaciones no es suficiente para mantener los ecosistemas y algunas plantas, con sus raíces profundas, tienen acceso a estas aguas para abastecerse. De su supervivencia depende también la supervivencia de estos ecosistemas.
En algunos países, la explotación y comercialización de este recurso ya hace tiempo que está en marcha. La financiación de la infraestructura necesaria para extraer estas aguas procede, muchas veces, de la explotación de otro recurso que deriva del trabajo lento y pausado de la naturaleza: el petroleo.
Consumimos recursos a una velocidad imposible de equilibrar por nuestro planeta.
La prisa mata.
Por eso, cuando no puedo evitar verme arrastrada por las impaciencias y urgencias en las que nos empeñamos en vivir, encuentro consuelo en el agua.
Me gusta quedarme absorta en el suave movimiento de las olas del mar, en el lento goteo de una fuente, en el sonido de la lluvia cayendo. Cuando la prisa me desconecta de mi ritmo natural, me gusta conectar con el ritmo del agua.

miércoles, 26 de septiembre de 2018

Ilustración y cerámica

Aunque parecía que nunca iba a pasar, por fin se acabó el verano. Ya está aquí septiembre y he vuelto a empezar con mis estudios de cerámica, mis libretas y mis dibujos. Este año tengo un propósito en particular, me gustaría dibujar sobre la superficie cerámica y trasladar mis ilustraciones a este soporte. Así que, este verano, en los momentos libres, he ido haciendo dibujos que creo que podrían quedar bien. Algunos, como éste, basados en unos grabados que encontré en un libro de estampación en la biblioteca. Me interesa, sobretodo, los diferentes grosores de línea. Ya veremos como queda, de momento, aquí os dejo el esbozo.

lunes, 23 de julio de 2018

Más Lisboa

Sí, ya sé que hace mucho que volví de Lisboa. Pero como no paro de trabajar y me dan envidia las fotos vacacionales que la gente se empeña en compartir en las redes sociales, pues yo sigo publicando dibujos de mi viaje a Portugal. Este, dedicado a la cerámica, una de las cosas que más me gustan de esta ciudad.

sábado, 14 de julio de 2018

Lisboa

El verano no es para grandes ideas, ni para grandes dibujos. Demasiado calor para pensar y para pasar largas horas sentada en mi estudio dibujando. En cambio, es el tiempo perfecto para llevar una libreta encima y dibujar en playas, bares y cualquier lugar en el que corra aire fresquito o te puedas remojar. Este año he tenido mucha suerte porque he podido visitar una de mis ciudades preferidas en el mundo, Lisboa. Y encima, lo he hecho acompañada de otra artista, así que no ha habido ninguna queja mientras sacaba la libreta y dibujaba cada vez que nos sentábamos en algún lugar interesante.
De Lisboa me gusta todo, pero algunas cosas son más dibujables que otras. Aquí os dejo una de las páginas de mi libreta, llena de la comida rica con la que te atiborran los habitantes de esta ciudad.

lunes, 18 de junio de 2018

L´Aigüeta

La primera vez que vi la calle de L´Aigüeta, en la Bisbal, no sabía si estaba en un pueblo de Oaxaca o en Catalunya. Me encantaron todas las tiendecitas llenas de color, con sus tiestos en la acera, y sus platos colgando de las paredes. Me gustaba especialmente una de ellas, llena de cactus de todas las formas y tamaños posibles. Y, hoy, por fin, la he dibujado. Y, aunque el volumen de tráfico y de ruido de coches también me ha recordado a México, ha valido la pena tomarme el tiempo de hacerlo. Dibujando me he dado cuenta de dos cosas; una: que echaba mucho de menos tener tiempo libre, y dos: que algún día a mi también me gustaría tener un taller de cerámica y llenar la calle de colores.

La Ponderosa

Ayer, en medio de todo el caos, me quedé atrapada con el coche entre dos rotondas cerradas, la de Corçà y la de la entrada a la Bisbal. Y ju...